Si estás leyendo esto, seguramente es porque me conoces y sabes que me gusta mucho viajar. Ahora estoy en la capital de Camboya, Phnom Penh, y desde este blog cuento mis aventuras e impresiones. Que cómo he llegado hasta aquí, echa un vistazo al artículo 1º sobre mi viaje agotador pero, en principio, gracias a un programa llamado Tandem, de los ministerios de Asuntos Exteriores francés y español y la Agencia Española de Cooperación Internacional, que consiste en mandar juntos a un español y un francés a un lugar remoto en desarrollo para aportar nuestro granito de arena. Que qué hago exactamente, lee el capítulo 3, aunque en el resto parezca que estoy de vacaciones, jeje! ¿Por cuánto tiempo? Mi billete dice del 1 de agosto al 24 de noviembre, pero siempre hay tiempo para cambiarlo, no?

PD- Para los novatos en cuanto a blogs, esto se lee cronológicamente de abajo a arriba, al final tenéis una lista de todas mis parrafadas o podéis avanzar páginas. También podéis dejar alguna nota para la posteridad o escribirme un mail.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

14. La vietnamita de cada día

Después de probar unos cuantos restaurantes cerca de donde trabajamos, finalmente dimos con un pequeño vietnamita en el que la dueña ha sabido conquistarnos y cada día nos prepara un plato, como si fuera nuestra madre. Desde luego, tiene buen ojo para los negocios, no como los camboyanos, que muchas veces no piensan en el mañana y nos tratan con indiferencia. Además, creo que ella también se siente identificada con nosotras porque no está en su país.
El tema con los vecinos Vietnam y Tailandia no está nada claro debido a su larga historia que es muy difícil de entender. Por un lado, fueron los vietnamietas quienes liberaron al pueblo camboyano del funesto régimen comunista de los Jemeres rojos, pero aprovecharon también para invadirles. Total, un lío en el que, como siempre en estos casos, prevalecen los intereses económicos. Veremos a ver qué pasa con Birmania también.
En fin, le hemos pedido unas lecciones de cocina para aprender a hacer los nem o rollitos de primavera de Vietnam, que están riquísimos, y ha sido dicho y hecho.

Según vamos a trabajar por la mañana, vemos por las calles a los monjes budistas, con sus túnicas naranjas, a veces granate, según la escuela a la que pertenezca, con sus paraguas color mostaza para proteger su cabeza rapada y una especie de urna para ir pidiendo de casa en casa algo de dinero, pues sólo viven de eso. Esto de los monjes es muy curioso, se trata de una especie de servicio militar pero a lo religioso. Al menos una persona de cada familia, si son budistas, tiene que hacerlo durante nueve meses. A partir de las 12 del mediodía no pueden comer ni tocar el dinero, no pueden ni hablar ni tocar a las mujeres y por la noche no pueden salir de las pagodas, donde viven.
Así que nosotras no hacemos nada más que buscar la oportunidad de robar fotos con estas figuras naranjas tan peculiares.

Aquí veréis algunas las fotos.

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